CUEVAS DE SANTA CATALINA

CUEVAS DE SANTA CATALINA 

Las Cuevas de Santa Catalina no son cavernas subterráneas convencionales excavadas en la tierra, sino inmensas formaciones conocidas en la geología como "organales". Estas impresionantes estructuras naturales se originaron a partir del desprendimiento progresivo de gigantescos bloques de roca desde las partes altas del Cerro Tusa y el Cerro Bravo. Estas montañas emergieron en el período mioceno superior, hace aproximadamente 7,5 millones de años, y funcionaron como las chimeneas de un colosal volcán prehistórico. Al colapsar y rodar ladera abajo, estas monumentales rocas volcánicas se apilaron unas sobre otras en la base, dejando enormes espacios vacíos entre sí. El resultado fue un complejo sistema de recintos oscuros, túneles de varios niveles y grandes cámaras de piedra que se comunican entre sí. Hoy en día, están rodeadas por espesos bosques de guadua, y en su interior la resonancia acústica, sumada a la presencia de murciélagos, crea un ambiente envolvente e imponente.

​Los rituales indígenas y el "útero de la tierra"
Para las antiguas sociedades indígenas agro-alfareras que habitaron la región entre los años 0 y 800 d.C. (ancestros de la tribu Zenufaná), este laberinto de piedra era un santuario de inmenso poder. Las cuevas eran veneradas como la representación física del útero de la Madre Tierra, el lugar místico donde se originaba la vida. Hasta allí llegaban masivas peregrinaciones recorriendo antiguos caminos empedrados para realizar rituales a los dioses de la lluvia y la fertilidad agrícola. En la oscuridad de estos organales, los chamanes llevaban a cabo una ceremonia sagrada de reciprocidad: celebraban un gran banquete y luego "mataban" o quebraban intencionalmente finas vasijas de cerámica contra las rocas como ofrenda. Los arqueólogos han recuperado en su interior miles de fragmentos de estilo Marrón Inciso, reconstruyendo objetos como alcarrazas de doble vertedera (usadas para fermentar chicha), poporos para el consumo ritual de hoja de coca, hachas de piedra verde y estatuillas femeninas asociadas a los ritos de fecundidad.

​Petroglifos y vestigios del entorno sagrado
El carácter místico de las Cuevas de Santa Catalina está íntimamente conectado con una vasta red de arte rupestre y megalitos que los antiguos habitantes utilizaron para demarcar su territorio sagrado en Venecia. Muy cerca de las cuevas, asoma entre la espesa vegetación la enigmática "Cara de la Diosa" o "Diosa del Espejo", un impresionante megalito natural de roca clara que parece el perfil de una mujer mirando hacia el occidente. Además de este monumento natural, los indígenas dejaron su cosmovisión grabada en la piedra a través de numerosos petroglifos esparcidos por los senderos cercanos. Destacan los misteriosos grabados de la vereda La Amalia y el famoso petroglifo del "Dios Rana" en la vereda La Arabia, un símbolo que para ellos estaba profundamente ligado al agua. Todo este conjunto de cuevas, la montaña piramidal y las rocas talladas conformaban un gigantesco paisaje ritual interconectado.

El proceso de descubrimiento e investigación científica de las Cuevas de Santa Catalina y los alrededores de Cerro Tusa es una de las historias arqueológicas más fascinantes de Antioquia. Durante décadas, los lugareños y campesinos de la zona conocían el lugar de manera informal como "El Cuevero" o simplemente oían historias sobre rocas misteriosas y fragmentos de barro antiguo que aparecían al cavar la tierra o caminar entre las guaduas de la finca Santa Catalina. Sin embargo, el verdadero valor histórico de este tesoro permaneció oculto bajo el silencio de la selva y el olvido institucional durante siglos.

​El punto de inflexión ocurrió a finales de la década de 1990 y principios de los años 2000, cuando un equipo de arqueólogos e investigadores —liderado de forma destacada por el antropólogo Pablo Aristizábal junto a instituciones como el ICANH (Instituto Colombiano de Antropología e Historia)— puso la mira en el complejo volcánico de Venecia. Intrigados por la imponente forma de pirámide natural de Cerro Tusa y los reportes dispersos de huaquería (saqueo ilegal de tumbas), los científicos iniciaron prospecciones formales en el corredor arqueológico.

​Cuando los arqueólogos exploraron las oscuras cámaras formadas por los bloques de roca volcánica en las Cuevas de Santa Catalina, se dieron cuenta de que no estaban ante un simple accidente geográfico, sino ante un gigantesco santuario ceremonial intervenido por los antiguos pobladores (la cultura Zenufaná). El proceso de excavación meticulosa reveló una escena impresionante: capas y capas de fragmentos de cerámica cuidadosamente depositados en los recintos subterráneos.

​En total, el equipo de investigación rescató cerca de 6.500 piezas y fragmentos arqueológicos, un hallazgo monumental que incluyó:

● ​Vasijas ceremoniales e incisas intactas o fragmentadas intencionalmente ("matadas" en rituales).

● ​Alcarrazas de doble vertedera y estatuillas femeninas vinculadas al culto de la fertilidad.  

● ​Poporos de uso chamánico y herramientas de piedra verde.  

​Este riguroso trabajo de excavación, catalogación y análisis científico permitió entender que Cerro Tusa y las cuevas conformaban una unidad cosmológica perfecta (el inframundo, el mundo medio y el supramundo).

​Gracias a este proceso de descubrimiento técnico e histórico, la zona pasó de estar amenazada por el abandono a convertirse en un orgullo patrimonial. Las piezas recuperadas fueron salvadas del saqueo y hoy se exhiben en el Museo Cerro Tusa Zenufaná en la cabecera municipal. Además, este esfuerzo investigativo sentó las bases para que en 2017 y 2019 se consolidara la protección legal del territorio, culminando en la creación del actual Parque Arqueológico y Natural para el disfrute y conservación de las futuras generaciones.